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  • P. Tarcisio

Domingo 14 del Tiempo Ordinario. Reflexión de la Palabra de Dios.


Primera Lectura (Zac 9,9-10): Nuestro rey salvador nos traerá la paz no con armas y poder sino con humildad.

Segunda Lectura (Rom. 8,9,11-13): Según San Pablo, el Espíritu de Cristo debe vivir en nuestros corazones. Este Espíritu nos resucitará a la vida eterna.

Evangelio (Mt 11,25-30): Dios se entrega no a los autosuficientes sino a los humildes, ya que abren su corazón al mismo Dios.

En el evangelio de hoy, Jesús eleva al cielo una oración, dando gracias al Padre, “porque ha escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!.” En efecto, podemos constatar que durante su predicación, la gente más humilde y marginada por el poder político y religioso, se identificaba con su mensaje, con su forma de hablar de Dios, con su manera de tratar a los enfermos y los pecadores… En cambio, la actitud de los poderosos y los estudiosos de la religión era distinta. Los escribas y fariseos no pueden entender que Jesús se preocupe tanto del sufrimiento de los enfermos y tan poco del cumplimiento de la ley, como la observancia del día de descanso, el sábado, en el que no se debía trabajar. O que se refiera a Dios como un padre paciente y misericordioso que perdona al hijo que ha pecado, como en la parábola del Hijo pródigo.

Jesús no quiere dar más cargas y dificultades con su mensaje, al contrario, quiere aligerar el peso y limpiar el camino para llegar a Dios, para encontrar al hermano necesitado. Sin embargo, sus discípulos deberán ser conscientes de sus propias limitaciones humanas, sus pecados, y con humildad deberán confiar en aquel que les pone como único requisito, amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo.

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