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  • P. Tarcisio

DOMINGO DE PENTECOSTÉS. Reflexión de la Palabra de Dios.


"Si me quieres, dímelo", este es el clamor de cada persona cuando estamos involucrados en la mayoría de las formas de relaciones. Los que amamos queremos estar seguros, al igual que los padres e hijos, hermanos, amigos, incluso los pastores, de que esta relación en la que estamos es real. Y la única manera de saber con seguridad es ver con hechos ese amor.

Felizmente, nuestra relación primaria con nuestro Creador no está en peligro, a pesar de que no lo podemos ver. Dios es muy bueno demostrándonos su amor y pasión por nosotros. Dios prueba que el amor divino es real con hechos donde quiera que veamos.


· La creación misma, el mundo, la tierra maravillosa en la que la humanidad se establece como una perla en su propio estuche de terciopelo.

· En la historia de la salvación, vemos una letanía de acontecimientos extraordinarios donde Dios garantiza nuestra felicidad y libertad.

· En el Verbo encarnado, Jesús, que habitó entre nosotros, nos enseña, sana, libera, muere, y resucita.

· Y en cada momento de oración donde recibimos otra señal de que Dios está con nosotros y el amor divino no va a ninguna parte sin nosotros.


Y luego, también está el Paráclito. Quizás la medida más profunda de devoción es su presencia fiel:

· se queda a una relación de largo plazo.

· la devoción de Dios con nosotros no es de una noche,

· No es ninguna promesa vacía.

· Dios no es amigo en las buenas nada más o condicional.

· No tenemos que hacer solo lo correcto para merecer el amor de Dios.


Pero una vez que estemos convencidos de su amor, si hay algo que podemos hacer: podemos demostrarle nuestro amor a cambio. Y Jesús nos dice de que manera hacerlo: Él dice que la señal que Dios está buscando es la fidelidad a los mandamientos principales: Amar a Dios y amarnos los unos a los otros.

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