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  • P. Tarcisio

REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS. Cuarto Domingo de Cuaresma.


La historia del hijo perdido y encontrado representa a todo aquel que, sintiéndose autosuficiente, busca a toda costa su libertad y quiere vivir a su modo, sin restricciones ni límites; hasta que toma conciencia de sí mismo y de su situación, empieza a darse cuenta de lo que ha perdido y se decide a emprender el camino de regreso, el camino de la conversión; regresará a su padre, pero ya no será el mismo, porque la experiencia sufrida lo ha cambiado, le ha llevado a tocar fondo; pero ha decidido volver, aceptando las posibles consecuencias de sus actos: rechazo, críticas, incomprensiones… Sin embargo, contra todo lo que esperaba, su padre lo recibe, le perdona y le devuelve su dignidad de hijo. Pero el hermano mayor desconfía de él y no quiere reconocerlo como hermano, tal y como actuaban los fariseos con relación a los publicanos y pecadores que se acercaban a Jesús.


Una vez más la Palabra de Dios nos explica lo que significa la conversión y el camino que hay que recorrer para alcanzarla. La cuaresma nos invita, precisamente a eso, a cambiar de dirección. Muchos de nuestros errores en la vida ya no será posible cambiarlos. Pero si algo hemos aprendido de lo bueno y de lo malo que nos pasa, y mientras tengamos vida, siempre estaremos en posibilidades de mejorar.

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