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  • Fr. Leo

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Reflexión de la Palabra de Dios.


En la primera lectura, un llamado persistente despertó al joven Samuel, y fue su mentor Elí, quien lo reconoció por lo que era: un llamado de Dios. El Señor despertó a Samuel, y Samuel tuvo algunas dificultadas para identificar el llamado de Dios. Mas sin embargo, Elí lo ayudó a saber escuchar y responder a esa voz del Señor.


Al reflexionar sobre mi propia experiencia de vida, me pregunto: ¿Quién en mi vida ha sido un mentor y me ha ayudado a escuchar la voz de Dios? ¿Quién ha sido instrumento ayudándome a discernir mi misión en la vida? ¿De qué manera está hablando Dios en mi vida hoy? Ciertamente, a lo largo de mi propia vida, puedo identificar a distintas personas que se han convertido en mentores para mi. Que me han ayudado a saber caminar y tomar decisiones. Me imagino que si ustedes, también hacen el ejercicio de identificar a personas que han estado presentes en sus vidas, ayudándoles a saber identificar un buen caminar y proceder, las encontrarán; ya que todos hemos tenido a esos amigos incondicionales/hermanos/padres que se interesan en nuestro bien estar.


Yo personalmente, tengo que poner en primer lugar a mis padres; Mamá y Papá han sido desde siempre la mejor de mis guías y ejemplos a seguir. Aunque mi papá sigue siendo la persona que busco cuando necesito de ayuda en cualquier momento, también tengo amigos, a los que puedo identificar como mentores, ya que con su ejemplo y amistad, logro identificar situaciones o experiencias en las que yo necesito mejorar. Ellos están siempre cercanos, y conversar con ellos es simplemente una luz en mi caminar.


La pregunta ahora es hacia nosotros mismos; puede que sea sencillo identificar a aquellos que han sido mentores para nosotros, pero... ¿Puedo identificar algún momento, en el que yo mismo ayudé a alguien a escuchar la voz de Dios en su vida? Es decir, en el que yo haya sido un mentor para alguien. Seria bueno, y cristianamente responsable, que cada uno de nosotros busquemos ayudar a aquel que necesita ayuda para saber identificar la voz del Señor en su caminar. Sigamos el ejemplo de Elí, de la primera lectura de hoy, y estemos atentos a todos aquellos que están a nuestro alrededor, y que tal vez, por distintas circunstancias, no han podido salir de los desafíos que se les presentan en su diario vivir o simplemente no han podido abrir sus oídos al Señor.

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