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  • Fr. Martin

Lecturas dominicales. "Yo le rogaré al Padre y Él les enviará a otro Consolador".


Hoy el evangelio nos habla del amor de Jesús hacia cada uno de nosotros. Cuando nosotros correspondemos a ese amor que Cristo nos ofrece entonces surge en nuestro interior el deseo de cambiar y de ser mejores personas, mejores seres humanos. Podemos decir que el cristianismo es la religión del amor. Porque básicamente lo que nos une es el amor que hemos recibido de Dios. Esto es lo que hay que entender cuando Jesús dice “si me aman, cumplirán mis mandamientos”. Cumplir los mandamientos no significa una obligación sino una forma de corresponder al amor que hemos recibido de Dios.

Dios nos concede su Espíritu de Amor. Cuando leemos la biblia con fe, percibimos la Palabra como verdadera Palabra de Dios. Cuando celebramos la Eucaristía con devoción, sentimos que estamos en una relación real con Cristo y, a pesar de nuestras debilidades, comprendemos la verdad del mandamiento del amor cuando nos sentimos amados a pesar de nuestras ofensas, así comprendemos que el amor de Dios nos salva. Recibamos la gracia de su amor, abramos nuestro corazón a Dios para hacer realidad las palabras de Jesús: “Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Si aceptamos a Jesucristo en nuestros corazones, guardamos sus mandamientos y confiamos en su Espíritu, no tenemos nada que temer cuando se trata de hacer el bien. Solo quien recibe el amor de Cristo podrá responder al mal con el bien, a las maldiciones con bendiciones, a las calumnias con buena conducta. Amar a Cristo significa vivir de acuerdo con su Palabra y según su ejemplo.

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