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  • P. Tarcisio

Mis preguntas de la Biblia: ¿POR QUÉ LOS SANTOS?


Alguien ha expresado esta opinión:

“Creo que nadie debería glorificarse a sí mismo ni a otros, porque somos seres humanos y por lo tanto, imperfectos. Ya que santo, solo Dios Padre y Jesucristo su hijo, que ha sido el único santo que ha pisado la tierra, … por eso creo que no deberíamos llamar "santo" a ningún ser humano por muy "bueno" que sea o haya sido, ya que estaríamos faltando a la palabra de Dios donde menciona que nadie es santo sobre la tierra, más que sólo Dios.

Respuesta:

Antes que nada, gracias por escribir y compartir su opinión. Coincido con usted en que la Santidad por excelencia corresponde solamente a Dios. Nosotros somos seres humanos, imperfectos. Sin embargo, estamos llamados a la perfección, misma que nunca alcanzará el nivel de la santidad divina, “aunque un día lo veremos a Dios tal cual es, cara a cara”. (1 Juan 3,2).

La práctica de reconocer la santidad de algunos cristianos, se debe a que reconocemos que se han esforzado y han perseverando en el seguimiento de Cristo, en medio de las circunstancias que les tocó vivir. Son ejemplo y modelo para cada uno de nosotros. Porque, a pesar de todos nuestros defectos estamos llamados a la santidad. Así lo expresa San pablo en la carta a los romanos: “Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman... a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó” (Rm 8, 28-30).

El catecismo de la Iglesia Católica también afirma en el número 2013:

‘Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad’ (Lumen Gentium 40). Todos son llamados a la santidad: ‘Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’ (Mt 5, 48):


Así mismo el libro del Apocalipsis hace referencia a los cristianos que han perseverado hasta el final:

“Después de esto vi una numerosa muchedumbre que nadie podría contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, los cuales estaban de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos de túnicas blancas y con palmas en las manos, los cuales a grandes voces gritaban: “La salvación es de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero”. Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono, de los Ancianos, y de los cuatro animales, cayeron sobre sus rostros ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo: “Amén. La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra y el poder y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén”. Luego tomó la palabra uno de los Ancianos, y me dijo: “Esos que andan vestidos de túnicas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?”. Yo le respondí: “Señor mío, tú lo sabes”. Entonces me dijo: “Esos son los que han venido de la gran tribulación, han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (Ap 7,9-14).

Cabe mencionar que en lo que se refiere a la prohibición de adorar o no, es una cuestión de terminología. Ciertamente, se le adora sólo a Dios, mientras que los a los santos se les venera, se les reconocen sus méritos y se toman como ejemplos de vida.

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