LA ENFERMEDAD... ¿ES UNCASTIGO DE DIOS?
- Fr. Claudio
- hace 2 horas
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La enfermedad y, en general, el sufrimiento se ha contado siempre entre los problemas más graves en la vida humana. En la enfermedad el hombre experimenta su impotencia, sus límites, y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte (Catecismo de la Iglesia Católica, 1500). La enfermedad puede conducirnos a la angustia, al repliegue sobre nosotros mismos, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Pero también puede hacer a la persona más madura y ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial, para volverse hacia lo que sí lo es (Catecismo de la Iglesia Católica, 1501).
Cristo asumió el sufrimiento, volviéndolo instrumento de amor, de redención, de testimonio del amor del Padre.
Las personas que han sufrido más suelen ser maduras, realistas y centradas. El sufrimiento provoca una madurez en el ser humano y en la forma de ver la vida. Para alcanzar la madurez humana tenemos que aprender a aceptarnos a nosotros mismos con todo lo que somos y lo que nos rodea: lo bueno y lo malo, lo agradable y lo doloroso, lo cómodo y lo molesto, etc. Con una actitud optimista y positiva ante la vida, el sufrimiento puede convertirse en el motor de nuestra superación y madurez personal. Si tomamos una actitud de desesperación y
pesimismo, el sufrimiento puede llegar a hundirnos.
Jesús deja claro que no es por haber pecado que hay enfermedades, dolor y sufrimiento sino para que se manifieste la gloria de Dios en las personas. La enfermedad y la muerte son grandes oportunidades para unirnos a la misión salvadora de Cristo, quien asumió el sufrimiento volviéndolo instrumento de amor, de redención y de testimonio del amor del Padre.
La enfermedad nos debe hacer buscar y volver a Cristo y tocarle; experimentar la vida, que es Él mismo y el sufrimiento sea realmente instrumento de bien para nuestra salvación. Necesitamos esta dimensión sobrenatural.
P. Claudio



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