Reflexion de la Palabra de Dios, XXX Domingo del Tiempo Ordinario

El evangelio nos habla de otro encuentro de Jesús con los fariseos, que le interrogan para ponerle a prueba. “¿Cuál es el mayor mandamiento de la ley?” Es el que todo buen judío reza en la oración del “shemá Israel”, la oración que expresa la respuesta afirmativa a la Alianza: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu vida, con toda tu mente…” (Dt 6,5); es decir, con todo el ser de tu persona: mente, voluntad, corazón. En esta alianza entre Dios y su pueblo no basta sólo el intelecto, ni tampoco el sentimiento; sino que es preciso involucrar la vida entera de cada uno y de la comunidad en su conjunto. Y de este mandamiento se deriva otro no menos importante: “Amar al prójimo como a uno mismo (Lv 19,18-34). En esto se resumen la ley y los profetas.
¿Pero cómo puede volverse concreto el amor al prójimo? La respuesta la tenemos en el libro del Éxodo, capitulo 22, donde encontramos los diez mandamientos que recibimos por medio de Moises. Y específicamente hoy leemos estos versículos que dicen “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero... No explotes a los débiles… No seas usurero… practica la justicia y ayuda al pobre… Esas son formas concretas de practicar el mandamiento del amor..
P. Tarcisio



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