Reflexión de la Palabra de Dios. Domingo XXIV Tiempo Ordinario

“Perdónanos, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”
La mayoría de nosotros hemos experimentado qué difícil es perdonar. Es algo casi imposible. ¿Quién puede olvidar la herida? ¿Quién no ve y siente las heridas y guarda vivo el recuerdo? La parábola del evangelio nos cuestiona y nos invita asumir una posición, o somos los que perdonan o los que son perdonados.
Las ofensas personales generalmente inician una cadena de reacciones: “Tú me hiciste esto, yo respondo desquitándome contigo o con otro que esté por debajo de mí”; y a la larga, esta situación va afectando y desintegrando la comunidad. La única manera de romper esta cadena es reconocer que nosotros mismos estamos necesitados de perdón, que necesitamos de los otros para vivir y crecer; evitando a toda costa desquitarnos con quien no tiene ninguna culpa de nuestros problemas. Así que, si recibimos misericordia, también debemos actuar con misericordia.
P. Tarcisio




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